Desde ese momento (y antes, para ser sinceros), la prensa nacional divulgó la noticia proclamando el éxito de esa película como una victoria del “cine nacional”, haciendo alusión a la calidad, talento y proyección del cine argentino en el mundo durante el año pasado.
En este fervor que produce la noticia, hay algunos datos que deberíamos tener en cuenta para analizar críticamente el momento del cine nacional. El año pasado, hubo 85 películas argentinas en cartelera, eso dice el dato real.
Pero, hay que abrir la mirada y ver que más de la mitad de ellas se lanzó en menos de 10 salas. O sea que a priori, los complejos y distribuidores no las consideraron relevantes como opciones, más allá de la cuota obligatoria de pantalla que fija el INCAA. Seguramente se preguntan cuanta gente fue a ver esas películas…Cuando tomamos las estadísticas, vemos que el público asistente fue pobre: salvo las 20 más vistas, el resto (65, ¿no?), no llevó más de 10.000 espectadores por película. Y muchas, no llegaron a los 1000. Algo pasa. O producimos de más, lo cual no es malo, o tenemos que replantearnos la campaña publicitaria y los canales de distribución para lograr mayor recepción en la gente.
No es que desde aquí se alienta a que no haya créditos para realizadores ni mucho menos, hay que correrse de esa discusión. Lo que sí hay que plantearse es que nuestro Instituto Nacional de Cinematografía debe reestructurar la manera en la que publicita nuestro cine, en nuestro país y la calidad potencial de cada guión que se evalúa.
En las escuelas de cine, hay una tendencia peligrosa a buscar subsidios para producir y pareciera que una vez cobrado el mismo, el destino del film dejara de interesar. Y no hablamos de poco dinero. Es nuestro (y nos cuesta pagar nuestros impuestos). Además, con este dilema, quedamos en la disyuntiva: ¿le quitamos financiación a nuestros cineastas o sostenemos este esquema aún a costa de sus alarmantes números?.
Uno puede entender, que hay un cine de distribución limitada, podría decirse, de circuito restringido, de alta calidad, pero alejado del gran público, que debe ser sostenido. Acordamos con eso, ahora, si el cine nacional genera tanto producto, ¿por qué están las salas que lo proyectan tan vacías? Tenemos mucho empleo en el rubro, hay trabajo y se filma en cantidad en nuestra industria pero esto no garantiza ni calidad ni buenas cifras de taquilla.
Si mal no hice la cuenta, a la luz de los números fríos, “El secreto…” representó en relación con el total de entradas vendidas nada menos que el 45% de las películas argentinas estrenadas en el año entero. Casi la mitad. Podríamos decir que nuestra flamante ganadora del Oscar salvó el año del cine nacional: no sólo con los premios internacionales que obtuvo sino con los números positivos dada la afluencia de público a sus proyecciones.
Ahora, ¿Cuántos de ustedes pueden nombrar tres películas nacionales estrenadas el año pasado que hayan visto en las salas? Me parece que puede que recuerden a “Las viudas de los jueves”, y no mucho más. El resto de la producción nacional, no es siquiera registrada por el gran público. Cuidado, que tenemos directores jóvenes de talento excepcional, pero pocos han entrado en el circuito comercial con fuerza y a pesar de ganar premios en festivales, nunca han podido atraer una audiencia importante. Está bien, ahora, analizando las cifras, vuelvo a pensar…¿Y si no hubiesen estrenado “El secreto de tus ojos” el año pasado? Y… Sería difícil dibujar los números para hacerle creer a la gente que todo está bien.
El éxito tapa todo. Ojo, que Campanella y su equipo son de lo mejor que tenemos (de hecho, él dirige en EEUU hace años, la industria norteamericana lo captó y lo utiliza para conducir series que mueven mucha plata), y está bien que esta película tenga el reconocimiento justo por sus altos valores cinematográficos. Son cosa seria: grandes actores, un guión excepcional, rubros técnicos a la altura de los estándares internacionales…. Un orgullo nacional con todas las letras.
El tema es que esta realización no se corresponde con la realidad del cine nacional. Ese es el problema. Entonces, cuando todos hablan del suceso argentino en el séptimo arte, hay que circunscribirlo a ciertas películas, algunos productos y situaciones, no a todos.
En general, y ya lo vimos con las cifras, se estrena mucho cine que nadie ve y del que nadie tiene noticias. Se filma mucho con aporte oficial pero a la hora de que las películas lleguen a las salas, algo se diluye y la audiencia elige ver cine de afuera.
En muchos casos, malo, pero es una elección contra la que hay que rebelarse, como autoridad. Hay que mostrar el buen cine que tenemos, restringir la cantidad de producciones y trabajar a fondo con cada historia particular, trazando estrategias que hagan que la gente vaya al cine a ver películas nacionales.
Ese es nuestro próximo objetivo. Que este “Secreto…” no tape el bosque, hacia allí hay que apuntar, sin dudas ese debería ser el premio mayor que puede obtener cualquier gestión oficial: haber podido generar grandes productos que la gente disfrute y que de no mediar el Estado, no habrían podido llevarse a cabo. |