“A serious man” Logran dotar a sus actores de las mejores ropas para cada rol (de hecho, varios han ganado premios importantes) y son muy respetados en la industria. Pero claro, son sujetos talentosos pero no todas sus cintas tienen la misma intensidad y similar resultado en la taquilla. En ese sentido, los Cohen han dirigido fracasos de proporciones (“The Hudsucker Proxy”, “El gran salto” en Argentina) y otras muy exitosas (fundamentalmente en Estados Unidos) como por ejemplo “O brother, Where are thou?”.
Están dentro de la élite de directores americanos por lo vasto y exitoso de su trayectoria, aunque muchos de sus productos sean pasos en falso. Por cierto, y si no estás acostumbrado a su estilo, puede que no disfrutes de su trabajo y hasta que alguna proyección perturbe tus emociones si vas desprevenido. Acordamos que alguien que se adentra en la sala a ver algo de los Cohen sin saber a ciencia cierta que verá puede llevarse una sorpresa, en este caso, “A serious man”, inducirá una siesta en las funciones de la tarde, sobre todo, sin lugar a dudas.
“Un hombre serio” es la historia de la búsqueda de un hombre común por intentar entender cómo funciona el mundo que lo rodea. ¿Filosófico eh? Larry Gopnik (Michael Stuhlbarg, lo único que me encantó del film), es un profesor de física en una pacífica universidad en la porción central del medio oeste. Corre el año 1967. Vive en un suburbio de clase media y lleva una vida corriente. Es judío y con fuerte relación con su comunidad. Larry abre su via crucis cuando su esposa Judith (Sari Lennick) le dice que va a dejarlo. Ella se ha enamorado de alguien de la comunidad, Sy Ableman (Fred Melamed), y presiona a Larry para que le de una anulación del matrimonio y volver a casarse en la ley judía (a través de un “Gett”).
El pobre de Larry tiene un hermano incapaz de obtener un empleo, Arthur (Richard Kind), quien duerme en un sillón de su casa, a su hijo Danny (Aaron Wolff) quien tiene problemas de disciplina y es pésimo estudiante en la escuela judía, y a su hija Sarah (Jessica McManus) quien nada menos que está sustrayendo dinero de la billetera del padre para ahorrar y así retorcarse la nariz (clara alusión a un rasgo físico de la comunidad). En esta vuelta, Larry, quien es un hombre tranquilo, común, respetuoso, irá a consultar a diferentes rabinos para pedirles consejo y orientación para sobrellevar su cruz. Lo mejor de la cinta son sus entrevistas con ellos dan respuesta (?) a las inquietudes del protagonista: uno no sabe si aplaudir en medio de la sala o irse en homenaje a tanta irreverencia.
El tema que el film aborda es claramente la subordinación a los mandatos religiosos y el desconcierto que la religión (y esto lo siento como general, despegado de la comunidad en que se da el film) posee para dar respuesta a las inquietudes de los fieles. Mientras veía el film, pensaba que el problema (y perdón por pecar de simplista) es que estas iglesias están dirigidas por hombres. Personas con limitaciones y potencialidades, pero personas al fin, lejos de la divinidad, quizás a años luz de la sabiduría “real” y que no han sido preparadas para dar tanta diversidad de respuestas. Larry vive su propio infierno, el mundo se vuelve en su contra y quienes deben cuidarlo, fracasan sistemáticamente al asistir sus decisiones.
Este ejercicio fílmico es interesante, tortuoso y controversial a la vez.
“Un hombre serio” funciona como una tesis, como un ejercicio teórico sobre cómo la religión contiene (o no) a sus fieles y los guía en la tormenta. Desde ese lugar, el film se ve claro y está bien construído. La idea que los Cohen dejan translucir, basada en sus experiencias personales, es visible y lógica. El problema de este film no es su eje central, su idea madre, sino lo anodino y denso de su narración. Los hermanos arman su trabajo con un encuadre austero, cerrado y de escaso movimiento. Cada fotograma parece durar años, la trama se detiene más de la cuenta en imágenes estáticas y los secundarios parecen estatuas en un museo. Eso, para mí, que ví “A serious man” a las 15 hs, fue tremendo. Casi no llego al final de la proyección. Yo adoro a los Cohen, pero no pueden exigirme tanto!
Mientras un amigo me ofrecía un café doble para recomponerme en el bar del cine, no podía dejar de pensar en que la idea del film me encantaba. ¿Qué pasó que casi no logré mantener los ojos cerrados a lo largo de la película? Y él me decía: “Vos acordás con la tesis que ellos proponen, no con el tratamiento fílmico que ellos le da. Y eso es todo”. Exacto. Mejor definición imposible.
“A serious man” (con alguna nominación al Oscar merecida, nota al margen), es eso, una buena tesis en el papel y un aburrido y denso film en las salas. |